Implicarse socialmente en proyectos solidarios es altamente beneficioso para reforzar nuestro sistema inmune. La Escuela Iniciativas Culturales

Recientemente, en una conferencia sobre cómo potenciar las defensas naturales de nuestro organismo de cara a las estaciones de otoño e invierno, señalábamos que el aislamiento social debilita el sistema inmune y compromete la capacidad del cuerpo para combatir las infecciones. En cambio, los vínculos afectivos lo fortalecen.

Abrazarse, tomarse de las manos, recibir un masaje,… todo lo que implique un contacto humano sano, hace que nuestros cuerpos segreguen oxitocina (sustancia que aumenta las defensas) y reduce los niveles de cortisol (que las debilitan). Adicionalmente, aumenta los glóbulos blancos que atacan a los patógenos y reducen las citoquinas inflamatorias, las cuales han sido relacionadas con enfermedades autoinmunes, cardiovasculares y cáncer, entre otras.

Está plenamente documentado que implicarse socialmente en proyectos solidarios, hacer cosas positivas por los demás, incluida la comunidad, sentirse socialmente útil, es altamente beneficioso para reforzar nuestro sistema inmune; no obstante, nunca sería el principal criterio para elegir implicarnos en tareas de esta naturaleza.

Investigaciones actuales, reseñadas en el artículo “El aislamiento y la soledad perjudican la salud” publicado en El País, corroboran lo anteriormente planteado.

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